viernes, 11 de agosto de 2006

Pancho Varona: "Sabina quiere hacer el mejor disco de su carrera"

ENTREVISTA

Pancho Varona es una de esas personas agradables que llevan el talento con tranquilidad. Hace 24 años que Joaquín Sabina le apartó de su futuro de funcionario y le hizo debutar en un concierto en Alcalá de Henares. Después llegarían 1300 recitales más, un buen puñado de canciones imborrables facturadas a medias y una sólida admiración mutua. Varona regresará a Alcalá el próximo 22 de agosto para acompañar al cantautor jiennense sobre el escenario del Palacio Arzobispal.

Después de más de 1300 conciertos con Joaquín Sabina, ¿cómo se lleva la larga convivencia artística?
Pancho Varona: Se lleva tan bien que seguimos juntos después de 24 años. Eso no pasa ni en las parejas más enamoradas. El nivel de entendimiento que tenemos Joaquín y yo es impresionante, cada día más. Es una relación estupenda con todos los pros y casi ningún contra.

¿Se considera el colaborador al que más caso hace Sabina?
Creo que sí, aunque me da un poco de vergüenza decirlo. Me permito el lujo de darle mi opinión y me hace bastante caso. Musicalmente somos uña y carne, junto con Antonio García de Diego.

Iba para funcionario del Ministerio de Defensa cuando Joaquín Sabina le pidió que tocara con él, ¿cómo recuerda aquello?
Iba a opositar y me estaba preparando en una academia de Madrid. Joaquín me hizo una oferta irrechazable invitándome a tocar con él. Mi debut fue precisamente en Alcalá de Henares. Yo tenía poco más de 20 años y un ataque de pánico absoluto. No sé cómo explicar lo que significaba para mí el hecho de no haberme planteado en la vida ser músico y, de una semana para otra, actuar delante de miles de personas.

¿Qué recuerdos tiene de sus actuaciones en Alcalá?
De Alcalá me acuerdo sobre todo por aquella primera vez. Tengo otro recuerdo muy claro: cuando actué con Estopa hace dos años. También fue un concierto precioso, en el que grabamos el video de una canción tocando en directo. La verdad es que tengo Alcalá bastante presente, por supuesto.

Después de tanto tiempo tocando con Joaquín Sabina, ¿es de los que piensan que es ahora cuando mejor canta?
Por supuesto que sí. Hubo una época en que Joaquín tenía mucho empeño en 'cantar bien', en demostrar lo que su voz podía dar de sí. Hubo un momento, creo que fue grabando 'Esta boca es mía', en que se dio cuenta de que su voz por abajo era más bonita que en agudos. Fue a partir de ahí cuando empezó a transformar su estilo y su forma de cantar.

Antes de comenzar la 'Gira Ultramarina', ¿pensaba que Sabina cumpliría su calendario de conciertos?
No confiaba en él en absoluto. Joaquín tiene unos picos de euforia tremendos y después bajones. Pensé que el proyecto de la gira había surgido en uno de esos picos de euforia y creí que luego se iba a venir abajo. A lo mejor le venía un poco grande enfrentarse al público después del problema que había tenido, de la enfermedad. Reconozco que me equivoqué como un bellaco. Todos los días me lo recuerda y yo tengo que agachar las orejas y decir: "Me equivoqué primo, lo siento".

¿Le han sorprendido su aguante y sus ganas después de tantas actuaciones en directo?
Es increíble. Creo que está mejor que nunca. Ha habido giras mejores y giras peores, pero pocas veces le he visto tan concentrado en el trabajo. Está haciendo esfuerzos reales. Ahora lo secuestran después de los conciertos y se lo llevan a la cama directamente para que no tenga la tentación de irse por ahí a tomar copas. En vez de disfrutar la gira al acabar los conciertos, piensa inmediatamente en la siguiente actuación. Hay que estar muy cerca de él para darse cuenta del mérito que tiene lo que está haciendo.

Antes de comenzar con la gira de verano 'Carretera y Top Manta' había que seleccionar el repertorio, ¿hubo descartes dolorosos?
Sí, por supuesto. Cuesta muchísimo quitar canciones como 'Ruido' o 'Medias negras'. Ahora estamos preparando algunos cambios para los conciertos de agosto y septiembre. Queremos volver a tocar 'Ruido', que nos parece una belleza de canción, y recuperar 'Pongamos que hablo de Madrid', un tema que no tocamos desde hace muchísimo tiempo y que nos encanta.

Dos semanas después de pasar por Alcalá llega el esperado concierto en Las Ventas, ¿tienen ganas de llegar a Madrid?
Hay una mezcla de ganas y de miedo. Tocar en cualquier sitio de Madrid impone. Nosotros vamos a Alcalá pensando que va a ser la antesala de Las Ventas. Sabemos que va a ir mucha gente de Madrid, los amigos, los conocidos, la familia... Tocar en casa siempre es importante. Hay muchas ganas, pero también mucho respeto.

Joaquín Sabina y usted comparten escenario con Antonio García de Diego, ¿le consideran el auténtico genio musical?
Por supuesto, no tengo ninguna duda. Yo tengo mis puntos de inspiración y Joaquín también, pero el que coge una canción una vez que está hecha, la pone patas arriba y la desmenuza es Antonio. Lo tiene clarísimo todo. Él toca teclados, guitarras, hace coros... Es el auténtico comodín.

Además de ser músico de Sabina, usted ha compuesto muchas de sus canciones y temas para otros artistas. Si tuviera que elegir alguna, ¿con cuál de esas creaciones se quedaría?
Es muy difícil porque, como se suele decir, todas son hijas mías y no está bien decir que una es más guapa otra. Indudablemente hay una canción clave en mi carrera y que me ha dado unas satisfacciones tremendas, el 'No me importa nada' que canta Luz Casal. De las que he compuesto con Joaquín me quedaría con cualquiera: 'Y sin embargo', 'La del pirata cojo'... Si tuviera que elegir dos de mis composiciones me quedaría con 'No me importa nada' y cualquiera de las que he hecho con Joaquín.

¿Cuál de los temas de Sabina le hubiera gustado firmar?
Muchísimos... 'De purísima y oro', 'Noches de boda', '¿Quién me ha robado el mes de abril', 'Que se llama soledad', '19 días y 500 noches'... Me pongo a decir y no paro. Le admiro muchísimo como músico.

¿Sigue pensando que Joaquín Sabina debería componer más?
Efectivamente. Siempre he dicho que cuanta más música de Joaquín hay en los discos, mejores son esos discos. A él se lo digo a diario. No creo que eso sea tirar piedras contra mi tejado. Sin desmerecerme, creo que Joaquín es un músico impresionante.

Aparte de músico y compositor, también es productor, ¿le llena esa faceta?
A mí me gusta trabajar con Joaquín en lo que sea. Entre el directo, la composición y la producción, esto último es lo que menos me gusta. No soy animal de estudio y no tengo el suficiente sentido de la concentración para hacer un trabajo meticuloso. Para eso son perfectos Antonio García de Diego o José Romero. A pesar de ello, estamos produciendo mucho. Además de a Joaquín también lo hemos hecho con Estopa, Pasión Vega... Incluso últimamente hemos hecho alguna cuña publicitaria.

Precisamente cuando Antonio García de Diego y usted no participaron en las tareas de producción apareció '19 días y 500 noches', ¿sigue pensando que es el disco de Sabina que peores arreglos tiene?
Sí. Es un disco con unas canciones maravillosas y una portada preciosa, pero creo que está un poco descuidado. La gente puede pensar que estoy celoso, pero creo objetivamente que no es el disco de Joaquín que mejor suena.

En 1995 publicó su primer y último disco en solitario, ¿se plantea retomar esa faceta?
No tengo vocación de artista ni de solista. Casi me convencieron para grabar aquel disco y lo pasé fatal. Fue un álbum que prácticamente nació, vivió y murió en la misma semana. Ni siquiera sé dónde se puede conseguir. A lo mejor hay una posibilidad de reeditarlo, pero no lo sé.
Ahora estoy muy a gusto donde estoy y no quiero moverme de ahí. Sí es cierto que este año he pensado que a lo mejor hago otro disco. Tengo alguna pequeña oferta, pero todavía me falta convencimiento.

En 'Alivio de luto' se incluye la canción 'Contrabando', un tema suyo que estaba en aquel disco en solitario, ¿prefiere su versión o la de Sabina?
En mi disco se llamaba 'Corazón de contrabando'. Joaquín cambió un poco la letra y el título y la metió en el disco. Es prácticamente igual, pero me quedo con la mía con los ojos cerrados.

Se le ve habitualmente en conciertos de algunos de sus amigos, ¿qué opina de Quique González?
A Quique lo adoro. Creo que es, con mucha diferencia, el mejor autor de canciones que hay ahora mismo en este país. Tiene discos maravillosos, preciosos. Entre la gente joven me quedaría con él sin dudarlo. A Joaquín también le gusta muchísimo. Quique iba a ser telonero suyo hace tres o cuatro años, pero la gira se suspendió.

Además de actuar en 'Carretera y Top Manta', participa en una pequeña 'gira' paralela, 'Karaoke y Top Colcha', que llegará el 4 de septiembre a la madrileña sala Galileo Galilei ¿en qué consiste?
Es una iniciativa de mi amigo Rubén Martínez. Había gente que se había quedado sin entradas para la actuación de Barcelona y Rubén me propuso hacer un concierto barato con canciones de Joaquín cantadas por nosotros. Yo le dije que sí, pero con una condición: que no fueran canciones de Joaquín, sino canciones de todos. A mí lo que me gusta es cantar temas que yo he hecho con Joaquín.
Nosotros tocamos durante la primera hora y después ofrecemos al público la posibilidad de subir al escenario con nosotros. Es muy divertido ver la cara de ilusión de la gente cuando canta con la banda de Sabina. Creo que es una muy buena iniciativa.

Después de terminar la gira, ¿qué proyectos hay?
En octubre terminamos aquí y nos vamos a América hasta diciembre. Joaquín me ha prometido que después va a hacer "el mejor disco" de su carrera. Yo, como siempre, no me lo creo, aunque sé que será muy bueno porque él está empeñado en que lo sea. Ya tiene hasta título, pero aún no se puede decir. El último disco era el menos entregado de los que ha hecho y se quedó un poco chafado. Ahora quiere corresponder al público. Empezaremos a hacer las canciones en enero o febrero, lo grabaremos a lo largo del año que viene y calculo que saldrá para el verano o, si se retrasa, para otoño o navidades.

(MM)

jueves, 10 de agosto de 2006

'POSEIDÓN'. El agua se enfurece (**)

CRÍTICA DE CINE

Más de dos décadas han pasado desde que Wolfgang Petersen asombrara con 'El Submarino'. Había en esa película de producción alemana una trama consistente, un fabuloso desarollo psicológico de los personajes, un desarrollo apasionante y un montaje en el que se vislumbraba una mano perfeccionista. Se tomó su tiempo el director germano para rodar 'El Submarino'. El metraje original rozaba las cuatro horas.
Petersen fue reclamado por Hollywood poco después. En Estados Unidos se ha ganado con el tiempo fama de reputado cineasta que dota de cierta personalidad los productos comerciales que le encargan. Es el mismo Petersen, pero diferente, decreciente. Valga el ejemplo de sus tres películas acuáticas. De 'El Submarino' pasó, en transición, a 'La tormenta perfecta', para acabar, finalmente, con 'Poseidón'. De la pureza de las imagenes de los submarinos al virtuosismo infográfico del hundimiento del transátlantico. De la complejidad de sus inicios a la simpleza de la actualidad. Que cada espectador se quede con lo que prefiera.
Cumplidor, Petersen ha hecho una película que es puro entretenimiento, que después de unos olvidables y tediosos veinte minutos iniciales se mete en la acción para no abandonarla hasta el final. En un primer análisis, 'Poseidón' se constituye en un ejercicio de supervivencia a cargo de siete personajes muy reconocibles. Están los inmigrantes, el vividor o el padre protector de hijas libertinas con un pasado llamativo. Hasta un homosexual con instintos suicidas que supera las seis décadas de vida.
Para habituales del género, no será complicado adivinar quién caerá en una aventura diseñada en formato videojuego. Los protagonistas deben ir superando fases, subiendo de nivel, mientras a su alrededor se desata un carrusel de efectos especiales asfixiantes. En este sentido hay escenas con una tensión perfectamente conseguida, como el episodio de los conductos de aire o el de la caída libre del ascensor.
Olvidados sus inicios, Petersen se ha convertido en un competente especialista capaz de levantar espectáculos mayúsculos como esta 'Poseidón', entretenida, atractiva pero excesivamente gélida y funcional.

viernes, 4 de agosto de 2006

EL SUEÑO DE MORFEO. Niños buenos

CONCIERTO

El Sueño de Morfeo
Estilo: Pop
Escenario: Campo de fútbol de Cabanillas del Campo (Guadalajara). 29 de julio de 2006

Podría pasar por una concursante de Operación Triunfo. Buena voz, eso dicen sus incondicionales, muchos, grata presencia física, letras accesibles, una música dulce y pegajosa y un comportamiento exquisito y educado, tanto que a veces llega a empachar. Raquel del Rosario añade un plus, por si fuera poco. Mal que le pese, lleva a cuestas una relación sentimental con un famosísimo personaje del deporte mundial que condiciona la evolución comercial del grupo. Es la suma de todos estos condicionantes la que lleva a la determinación de que la música con El Sueño de Morfeo es prácticamente un elemento secundario, ensombrecido por una estrategia de marketing perfectamente ejecutada. Unos cuantos botones de muestra vividos en Cabanillas. El público es capaz de corear cada una de las canciones del grupo. Normal, sólo tiene un disco en el mercado. Lo chocante es asimilar la cantidad de veces que la cantante, en esa pose tan de directo facilón, acerca al micrófono al gentío para que se encargue de vociferar el tema de turno. Que lo hagan tipos con más de dos décadas de trabajo sobre los escenarios puede extrañar. Que sea una banda con un recorrido tan exiguo, todavía, es desconcertante. También es llamativa esa tendencia a rellenar tiempo muerto con felicitaciones varias y chascarrillos inofensivos. En ese sentido el guitarra del grupo, que se pasó la velada sentado por padecer una lesión, se marcó un discurso benéfico plausible que finiquitó con un lamentable “levantemos los putos cuernos”. ¿Alguien lo entiende? Por lo visto, es lo que tiene intentar ser un niño bueno aunque travieso.
Fijando el oído en el lado musical, es de justicia recalcar que el sonido fue excelente. Voz nítida, guitarras al nivel requerido y violín esporádico aunque incisivo. Un poco más de apuesta por el toque celta hubiera sido bien recibida. Del repertorio señalar que lo agotaron enseguida. El Sueño de Morfeo se marcó un inicio caliente. En veinte minutos ya habían sonado 'Esta soy yo', 'Nunca volverá' y 'Ojos de cielo'. En la zona media del concierto la temperatura bajó palpablemente para volver a elevarse en el tramo final, con 'Okupa de tu corazón' y la repetición del 'Nunca volverá'. Cumplidores y buena gente estos chicos de El Sueño de Morfeo. Y con bastante futuro.

jueves, 3 de agosto de 2006

'HACIA EL SUR'. Cuerpos que matan (**)

CRÍTICA DE CINE

Congo, Ruanda, Afganistán, Haití... Son lugares maldecidos por el infortunio y el olvido, perdidos en el mapa y machacados por la miseria y la guerra. Sus ciudades, sus historias, ofrecen, sin suerte, material de primer orden para la industria cinematográfica. El francés Laurent Cantet fue valiente y se marchó a Puerto Príncipe, misérrima capital de Haití, para rodar 'Hacia el sur', un relato agrio y crudo, cine denuncia que escarba en uno de esos capítulos olvidados de los que nadie quiere saber nada.
Historia de contrastes brutales, Cantet fija su hábil mirada en esas mujeres adineradas, mayoritariamente norteamericanas, que buscan en las hermosas playas de Haití un refugio dorado para saciar la falta de cariño sexual que domina sus vidas en el primer mundo. Dos de esas turistas ricachonas, Charlotte Rampling (impresionante labor) y Karen Young, se desafían, se baten en duelo por las atenciones de un joven nativo apuesto y simpático.
De fondo reluce la caótica situación del Haití de finales de los 70, fácilmente equiparable a la actual. Incómoda y extremadamente ambiciosa, apretando con desigual fuerza un nutrido conglomerado de temas, a 'Hacia el sur' sólo le sobra un final caótico y precipitado, más cercano al thriller que al drama, para consagrarse como una película de altura. Mucha atención a su fotografía, fabulosa.

miércoles, 26 de julio de 2006

'EN LA CAMA'. Susurros al oído (****)

CRÍTICA DE CINE

Un polvazo filmado sugestivamente, nada que ver con el que abría la pobrísima 'Excusas' de Joel Joan, recibe al espectador de 'En la cama', una película minimalista, pequeña y hecha con tacto que se llevó entre elogios y abucheos la última Espiga de Oro de la Seminci de Valladolid. Ni ese importante galardón le valió para asegurarse un lugar en la cartelera. Le ha costado horrores llegar a España, aunque lo ha conseguido no sin cierto retraso.
El joven Matías Bize, al que se compara constantemente con Alejandro Amenábar, ha regalado una de esas perlas realizadas con una respetuosa sensibilidad y dotada de un guión sólido que se permite el lujo, incluso, de sorprender en un par de ocasiones. Que nadie espere a pesar del título un recital de escenas de cama inconexas como la receta que proporcionaba '9 Songs'.
En 'En la cama' hay diálogo, mucho, nada de acción, y un fabuloso desafío interpretativo en el que se descubre el potencial de Gonzalo Valenzuela. La historia sucede en una noche cualquiera y la protagonizan dos desconocidos. Pero el trabajo exquisito de Bize es capaz de extrapolar esta relación a la que puede mantener cualquier pareja de media o larga duración. Trabajo suave e interesante, 'En la cama' se consagra como un hallazgo para los interesados en explorar sin tópicos el corazón de las relaciones humanas.

lunes, 24 de julio de 2006

ANTONIO VELASCO. Sorpresa con futuro

CONCIERTO

Antonio Velasco
Escenario: Parque de la Concordia (Guadalajara). 12 de julio de 2006

Diferente y prometedor. Si la suerte lo permite, se vislumbra un futuro sugerente para Antonio Velasco, joven músico de raíces alcarreñas que presentó sus credenciales la noche del miércoles en el Parque de la Concordia. Sus señas de identidad, gestos, estilo y sonido le delatan. No componen Velasco y la banda que le acompaña, a la que llama Hit Factory, una de esas formaciones, puro fuego de artificio, que se estructuran alrededor de arcaicos conceptos del pop de los 80. Hay una identidad propia, un concepto distinto de entender la música en directo. Velasco, que no dejó de alardear de su condición de marchamalero, ha escuchado, y mucho, a gente de buena reputación de la última oleada, caso de Quique González. Buen gusto. En su repertorio, más amplio de lo esperado, hay serie negra americana, un filón de referencias cinematográficas, chicas que se escapan para siempre y venturosas noches madrileñas. Mostró hechuras en el directo Velasco, bien arropado por una banda, guitarra, bajo y batería, en perfecta sincronía, contando con la ocasional ayuda de un violín, rica idea aunque poco explotada. Dibujó un concierto agradable. Eficiente casi por inesperado. Se peleó con el sonido, empeñado en deslucir la calidad de sus letras, en algunos casos muy superior a la melodía. No se le entendía en algunas fases, ganando la pelea en este aspecto los instrumentos, especialmente la batería. Salió airoso del trance, dejando una estampa de músico que, todavía un proyecto, marcha por el camino correcto.
En cuanto a las canciones, perfiladas en el directo del miércoles en una vertiente menos rockera que la que exprime en el EP '6 Faroles', sobresalen 'Chevrolet quemado' y esa joyita que es 'Señorita R&R'. Hay canciones con muchísima menos pegada que azotan las radios. Esa es la batalla que deberá aceptar Velasco.

'FACTÓTUM'. El pozo del maldito (***)

CRÍTICA DE CINE

Bares humeantes, chicas de cabaret, tipos de mirada perdida, fracasados enganchados al alcohol, escritores zurdos, habitaciones con licencia para dormir y follar. El universo de Charles Bukowski, ese escritor provocador, borracho y talentoso que escarbaba en su propia vida para encontrar material literario, ha perdido fuelle y peso entre los lectores. Vigencia en el sentir de una juventud que comulga con unos principios éticos y estéticos alejados de la atmósfera sucia, denigrante y turbia que defendía Bukowski en su bibliografía. Un universo que ha reproducido el noruego Bent Hammer en 'Factótum', un loable intento bendecido por la humildad, la ausencia de intenciones mayúsculas y la presencia de un Matt Dillon enorme, que sigue en ese estado de gracia adquirido desde 'Crash'. Agradecida película, sobre todo para toda esa generación que desconoce quién fue Bukowski, qué era eso del sueño americano y el verdadero significado de que la vida pasa, como casi todo. Hamer se ha limitado a filmar diferentes pasajes, a modo de puzzle, de la madurez del alter ego de Bukowski, ese Henry Chinaski empeñado en no dejar de ser un maldito. El resultado combina escenas poderosísimas (la conversación muda con el editor) con otras olvidables. Un pasatiempo útil y efectivo esta 'Factótum'.

jueves, 20 de julio de 2006

'TU VIDA EN 65''. Forzado azar (*)

CRÍTICA DE CINE

'Tu vida en 65 minutos' es una de esas películas que acumulan elogios inauditos y críticas grandilocuentes. Su eficaz comienzo, absurdo y poco convencional, consigue crear expectativas que el resto del metraje se encarga de desbaratar. Lo que podría haber sido una historia fresca y conmovedora queda reducido a un buen puñado de tópicos y asociaciones inverosímiles en las que el azar juega un papel más protagonista del deseado.
La cuarta incursión cinematográfica de la directora catalana María Ripoll surge de la adaptación fílmica de uno de los textos teatrales más exitosos de los últimos años. Su autor, Albert Espinosa, realiza algo que ya hizo en el guión de 'Planta 4ª': mirar a la muerte cara a cara y sin tapujos. Tres amigos, una esquela y un pensamiento equivocado sirven de inicio para encadenar un argumento en el que las piezas encajan más por obligación que por naturalidad.
El reparto actoral, compuesto por un conjunto de intérpretes jóvenes y poco conocidos, funciona de manera dispar. El protagonista Javier Pereira consigue simplemente cumplir con un personaje al que podría haber sacado mucho más jugo. Su compañera en una historia de amor forzada, Tamara Arias, resulta poco creíble y exageradamente ñoña. Mejor papel juega la extraña pareja de secundarios formada por Marc Rodríguez y Oriol Vila. Su presencia en la pantalla ofrece los momentos más originales, cómicos y sorprendentes.
'Tu vida en 65 minutos' es un ejemplo más de los dramas desorbitados que presenta la producción nacional reciente. Sobran los toques publicitarios derivados de una cámara demasiado inquieta y determinados pasajes que resultan absurdamente dramáticos (la fiesta-velatorio a la americana es simplemente incomprensible). Diálogos recargados y conexiones imposibles desmerecen lo que podría haber sido un ejercicio cinematográfico digno y menos pretencioso.


(MM)

martes, 11 de julio de 2006

'CARS'. A toda pastilla (***)


CRÍTICA DE CINE

Puede que la NASCAR no tenga arraigo alguno en Europa. Que el intento de enmascar esta competición puramente estadounidense y disfrazarla de Fórmula 1 sea poco ético. Que soportar casi dos horas de animación sea una tarea titánica para un adulto. Que haya alguna injustificable lección moralista, bien oculta, aunque perceptible. Sí, 'Cars' tiene sus fallos. La lista se podría alargar si se tuviera en consideración la pérdida de eficacia que se deriva del trasvase propiciado por el cambio idiomático. Nunca va a ser igual escuchar a Niki Lauda y Bob Costas que a Fernando Alonso y al insoportable Pedro Lobato. La suma de deslices reseñada no desluce la impecable envoltura formal que rodea a esta película, puro entretenimiento. Familiar, cercana y divertida, 'Cars' representa a la perfección el modelo Pixar, esa empresa especializada en facturar con exquisita diligencia productos para todos los públicos. Si a nivel de animación consigue cotas magistrales en comparación con lo exhibido por sus contemporáneas, el guión, si bien se mueve en un registro inferior al de 'Los Increíbles', no le anda a la zaga, con una historia sencilla y contada con buen gusto, sin torpezas y con algún diálogo sorprendente.

Lo que ese genio llamado John Lasseter ha logrado en 'Cars' es, esencialmente, elevar un sentimental cántico a la nostalgia. Ha registrado en versión animada un emocionado recuerdo a ese pasatiempo tan genuinamente americano que consistía en recorrer por carretera el país de punta a punta. Ahí la célebre Ruta 66 opera de eje vertebrador. Es esta vía la representante de un pasado borrado sin compasión por el desmesurado progreso que ha experimentado el país en las últimas décadas. Un reflejo de lo que fue y, a un par de kilómetros (esa moderna carretera plagada de coches que conducen a velocidades altísimas), lo que es.

Rayo McQueen, un jovencísimo y agresivo coche de carreras, termina atrapado antes de disputar la final de la Copa Pistón en uno de esos pueblos sin perspectivas de progreso. Con un presente tedioso y un futuro inexistente. El censo de la localidad lo compone un grupo de vehículos de lo más variopinto. Desde un camión hippie que se despierta cada mañana a ritmo de Jimi Hendrix, hasta un misterioso Doc Hudson que ejerce la justicia en la villa, por señalar a las dos creaciones más conseguidas. Lo que realmente encuentra en ese paraíso perdido McQueen es intangible. Una lección de amistad, del significado de competir. De la dignidad alejada de significados metafóricos. De que en la vida no todo es ganar. Ni que estar en la cúspide significa que eres superior a los que te rodean. Que todo, la fama, el poder y el ego, termina agotándose. En ese sentido 'Cars' es una película admirable. Un mérito del equipo de Pixar, que ha seguido el mismo recorrido planteado en 'Los Increíbles'.

Aunque es cierto que hay fases en la que la dinámica decae espectacularmente y que la historia de amor directamente sobra, 'Cars' consigue cumplir con las expectativas. Bien por Pixar.

miércoles, 5 de julio de 2006

'NO ESTOY HECHO PARA SER AMADO'. Apreciable humildad (****)

CRÍTICA DE CINE

Un derroche de sencillez, honestidad y genialidad el que ofrece 'No estoy hecho para ser amado', humilde producción francesa que llega a la cartelera española con dos años de retraso. Cuesta que lleguen productos de estas características procedentes de Francia. Una pena, porque lo que ofrecen mayoritariamente es una calidad muy superior al cine que se factura en España y prácticamente en el resto de Europa. Es envidiable la diversidad de temas, estilos e historias que emerge de la cinematografía gala. Dulce y poco ruidoso cántico a la nostalgia, 'No estoy hecho para ser amado', es un buen ejemplo. El tango ejerce de válvula de escape de vidas condenadas a un irremisible fracaso. En una escuela de baile se encuentran Jean-Claude Delsart, un solitario cincuentón que trabaja como agente judicial, y Françoise, una treinteañera a punto de casarse con su novio de siempre. No hay doctrina ni exaltación de sentimientos en esta historia. Tampoco dosis de moralina improcedentes, ni diálogos para el recuerdo. Brizé, también guionista, ha creado una historia de amor y de últimas oportunidades despojada de cualquier elemento superficial. Patrick Chesnais, que teje un trabajo fabuloso, sustenta el desarrollo de la historia. Interpreta a una de esas personas superadas por la vida. Odia su trabajo, no tiene amigos, no confía en su único hijo –relación no definida en el guión, un acierto– y mantiene una disputa silenciosa con su padre, recluido en una residencia. Son las escenas que unen a este par de personajes cerrados en sí mismos las más poderosas de una película que se desarrolla a un ritmo lento, nunca desesperante. Cierta previsibilidad argumental atenaza su desenlace, pero la profunda melancolía y la trabajada tristeza que perfila con acierto Brizé hacen de 'No estoy hecho para ser amado' una película apreciable y distinguible. Con muy pocos medios, Brizé ha sabido confeccionar una historia que llega al corazón y que puede provocar alguna lágrima tan traicionera como sincera.